El Observatorio Astronómico del Colegio San José ha cumplido un siglo de existencia y en este pequeño espacio queremos celebrarlo compartiendo algunas experiencias y sentimientos de lo que nos tocó vivir a los que formamos parte de las últimas tres décadas de la Torre.

 

Observatorio San José. El Espíritu de "La Torre". Por Alberto Delfino
Reflexiones en el centenario del Observatorio Astronómico del Colegio San José. Por Germán Folz

 

 

 
 

 

 

Observatorio San José. El Espíritu de “La Torre”

a Diego Ricardo y Germán

“El Observatorio San José, otorga a Alberto Delfino el presente diploma por haber completado el curso de Astronomía Estelar”. 7 de Diciembre de 2007, firmado por los Ingenieros Ricardo Castiñeiras y Diego Giraudi. Así versa el pergamino colgado en la pared de la habitación de Fernando, hoy mi escritorio (bueno, compartido con Patricia, mi esposa). Este diploma comparte pared con otros dos del OSJ: uno de Astronomía Observacional y el otro de Sistema Solar, también firmados por Ricardo y Diego. Esos eran los tres cursos que se dictaban en ese tiempo en el aula de “La Torre”.

Nadie crea que soy una persona importante, pero necesito contarles que hay varios diplomas que pueblan las paredes de ese cuarto, Certificados de otros Observatorios, de Universidades, de Empresas y Prestigiosos Institutos de estudio, pero esos tres cuadritos del OSJ son distintos, obviamente, los que más quiero porque son los testimonios de una historia de sensaciones y de sentimientos.

Esta es la historia del Observatorio San José y del Espíritu de su Torre.

El mirador del Colegio San José fue construido en el centro de la manzana a fines de 1870 con una base de seis por cinco metros y una altura de cinco pisos, siendo inaugurado con la fiesta de premios del año 1870. Su cresta almenada, a modo de atalaya medieval, domina un entorno de paz en cuyas manzanas arboladas se ocultaban casonas con alero, huerta, jardín y palomar.  La torre apenas terminada, fue declarada por el Ejercito Nacional, observatorio ideal del barrio y así figura en los mapas militares de la época, viéndose ocupada por las tropas en la revolución de 1880.

Hoy es viernes, la tarde se apoya suavemente sobre el contorno de los edificios, que como gigantes de piedra, forman fila hacia el oeste sobre la avenida Rivadavia, ya aparecen las primeras estrellas, como si fuese una ceremonia pagana para consultar el oráculo, trepo lentamente, para evitar sofocarme, noventa y nueve peldaños de madera aceitada de esa vieja escalera, casi sin tiempo, eterna creo yo, totalmente mágica como todas las cosas eternas.

La onomatopéyica escalera se queja chirriando a cada pisada, pero permanece estoicamente erguida amurada con tornillos pasantes a las cuatro paredes de la torre, habitada por grandes astrónomos desde Tales a Hubble cuyos retratos cronológicamente colgados desde la base de la escalera hasta su estrecho ocaso en la cúpula, fueron pintados por las propias manos de Diego, Germán y Jorge.

En las clases de historia de astronomía los retratos de los maestros griegos medievales y renacentistas son sacados de sus puestos estratégicos en la escalera y llevados al aula para ser presentados a los alumnos, en ese momento, se produce la magia, toman vida y gobiernan todo el ámbito, embriagados por el hechizo de la melodía que Diego destila magistralmente de su sanfona y de su gaita, entonces, ya no se sabe quién es quién: el profesor se convierte en juglar, el alumno se siente astrónomo y los astrónomos se escapan de sus marcos para protagonizar las clases, en esas noches cargadas de estrellas y arcanos, todos somos transportados a un mundo mágico, a un mundo único, envuelto por el Espíritu de la Torre

Una escalera de madera tipo campanario lleva al cuarto piso, que como un puesto de vigilia rodeado por un balcón, eligió su morada el Padre Pommés, prefecto general de disciplina del colegio. Allí, durante varios años cumplieron tristes penitencias los alumnos candidatos a la expulsión. La construcción del salón de actos durante la segunda década del siglo XX modificó la torre, que ganando un piso en altura cedió dos metros de ancho a la caja del escenario teatral, adoptando así el tramo final de la escalera una construcción empinada.

En 1913, los padres Pommés y Lamanne concibieron la idea de instalar en el mirador un observatorio astronómico. El telescopio Mailhat un astrográfico ecuatorial que sería donado por el Sr. Sinforoso Molina, padre de un alumno, e instalado al año siguiente. Numerosos sacerdotes estuvieron encargados de dar clases de astronomía; los padres Taillefer, Mourrié, Guithou, Grange y Gay, así el observatorio funcionó en forma continua hasta la década de 1970, cuando muriera el padre Gay, última persona que lo dirigiera. A partir de allí la Torre quedo cerrada y en el olvido por varios años.

La noche de octubre se presentaba templada y Patricia ansiaba recordar aquellas tardes de sábados y cine en la salón de actos del Colegio San José, quería volver a vivir y recordar a sus dos hermanos, ex alumnos del colegio correteando por los patios y las galerías invadidas por las enredaderas y los recuerdos.

La ocasión no podía ser mejor para ello porque era “La noche de los Museos” y el Observatorio San José abría generosamente sus puertas, como todos los años, para que los vecinos del barrio de Balvanera recorran su sala de antiguos instrumentos y su mítica cúpula.

Entró al hall del colegio, caminó el Patio de Honor, pero no se animó a subir los noventa y nueve escalones de la escalera de madera que como un puente del tiempo, une la Tierra con esa mecánica ventana del cielo, la cúpula del observatorio.

No subió hasta la cúpula, hizo algo mucho mejor, me regaló un mundo que jamás había conocido, un mundo con un cielo estrellado, un cielo infinito y eterno y lo que es todavía más importante, en ese mundo había gente, la gente del observatorio San José, los creadores de ese mundo que en poco tiempo me atrapó cambiándome la percepción de ver el cielo y la forma de transitar la tierra.

Alguien le entregó un pequeño folleto donde se hacia una breve reseña histórica del Observatorio e invitaba a participar de las clases de astronomía. (Lo que está escrito en negrita es la transcripción literal de ese folleto)

Patricia, conociéndome desde siempre un apasionado contemplador de estrellas, me mostró el folleto e inmediatamente me dijo: “toma para que recuerdes que yo siempre pienso en vos”.  

En 1980 el Observatorio San José fue reabierto. Las tareas de restauración y reconstrucción fueron llevadas a cabo por alumnos de 5º año dirigidos por el profesor Alberto Raiker. Así, para la feria de ciencias de 1981 se volvía a la actividad luego de un largo ensueño y sumándose en el año 1982 a la comunidad de observatorios amateurs.

En 1984 se organiza el primer curso de astronomía y se conformaban grupos de investigación en diferentes áreas de astronomía, siendo a partir de allí que ambas actividades seguirían en forma ininterrumpida.

En 1998 se actualizaban los instrumentos de observación adquiriendo una nueva cámara electrónica para toma de imágenes astronómicas y en 2001 se adquiría un nuevo telescopio con guiaje electrónico.

En el 2002 el Observatorio sería designado por el Honorable Senado de la Nación como “De interés Científico y Cultural”

En 2006, tres años después de acondicionar y restaurar parte del patrimonio educativo del Colegio San José en la sala de Antiguos Instrumentos, el Observatorio San José, pasaría a formar parte de la Red de Museos de la Ciudad Autónomas de Buenos Aires y a participar en la Noche de los Museos.

La noche del 11 de agosto del 2011 no pude pegar un ojo, me movía de un lado hacia otro en la cama hasta que, sin querer,  logré despertar a Patricia.

¿Qué te pasa?, me preguntó con los ojos a media asta.

Mañana doy mi primera clase de Historia de la Astronomía y el miedo no me deja dormir, conteste embebido en un sudor frío y envolvente como la misma noche.

Ese simple papelito que me había entregado Patricia en octubre de 2007, me conectó con aquellas personas que lo habían escrito y ellos tuvieron la osada pretensión de transformar a este simple contemplador de estrellas en un profesor de historia de astronomía.

El 12 de agosto del 2011, a las 20 hs., me encontraba, aterrado frente a los alumnos del primer curso de historia de la astronomía del OSJ.

Menuda responsabilidad la que había tomado, pero, de a poco el miedo fue cediendo paso al entusiasmo de transmitir no solo los conocimientos sino, (lo que es más importante y difícil), volcar en los alumnos la magia, el talento y el sentimiento (porque no decirlo) que me habían transmitido a mí en los cursos que había tomado en el OSJ.

Esa era la gran responsabilidad que yo sentía, no defraudar a aquellos que me supieron transmitir la esencia del OSJ,  el verdadero Espíritu de la Torre, el carácter de la República Vertical, como nosotros llamamos a ese ámbito mágico lleno de sueños y entusiasmo.

Ahora estaba yo, ante ellos, los alumnos que esperaban de mí, esa condición casi mágica.    

En el 2013 el Observatorio San José sigue creciendo e incorpora un nuevo curso de telescopios, dictado por Sergio, además en este año se festejan sus primeros 100 años y pretendo, de alguna manera, hacer un homenaje a Diego Giraudi, Ricardo Castiñeiras y Germán Folz, quienes le dan vida a este maravilloso ámbito de cultura y ciencia, desde hace más de treinta años, en el cual, generosamente me brindaron, a mí y a muchos otros, la oportunidad de crecer como individuo sin competir con nadie, transmitiéndome con su humildad, desinterés y creatividad, el propio Espíritu de la Torre.

Hoy es viernes, la noche ya está madura. Orión, una vez más, zafó de su eterno perseguidor, El Escorpión que ahora domina el cielo, y aquí en la tierra, nosotros abandonamos nuestra República Vertical porque Juan, el dueño de la pizzería, nos tiene preparados su exquisita fugazzeta rellena de jamón y queso y una buena cerveza negra para brindar por nuestros sueños, por nuestros nuevos proyectos y por ese espíritu que nos lleva a concretarlos, “el Espíritu de la Torre”. Ese espíritu mágico que todos los viernes transforma nuestra cena en una ceremonia de celebración a la amistad.    

Más de cien años de esfuerzo y muchos hombres fueron los que han transitado las antiguas escaleras del Observatorio San José, que sigue hoy fiel al espíritu de los padres fundadores: “Conocer siempre más y compartir la maravilla de la Creación”  

 Από εδώ, σηκώστε τα μάτια σας να παρατηρήσουν τον ουρανό

A partir de aquí levanta tus ojos para observar el cielo (frase escrita en la puerta de la cúpula del OSJ)

 

Alberto V. Delfino

San Telmo, Junio 2013

 

 

 

Reflexiones en el Centenario del Observatorio Astronómico del Colegio San José

Por Germán Folz

Septiembre de 2013

 

En el año 1982 comencé mis estudios secundarios en el Colegio San José. La primaria la había hecho en una escuela estatal de dimensiones y características edilicias relativamente modestas comparadas con el nuevo colegio; enormes patios, amplias escaleras, sólidas columnas, espaciosas galerías, antiguos laboratorios, una hermosa Capilla y un Salón de Actos imponente me hacían aún más pequeño de lo que yo ya me sentía al comenzar esa nueva etapa. Por todas partes podía ver placas y bustos conmemorativos que me hablaban de una rica historia la cual todavía me era ajena. Sin embargo había algo que no tardaría mucho en reclamar mi atención aún más que todo lo que ya había visto; desde el Patio de Honor del Colegio, donde formábamos a la mañana y en donde transcurrían los recreos, se divisaba la inconfundible silueta de una cúpula de un observatorio astronómico.

 

A los 10 años comenzó mi interés por la astronomía gracias a que mi mamá me regaló mi primer libro sobre el tema y a los 11 años tuve la suerte de que mis padres me pudieran comprar un telescopio con el cual empecé a escudriñar los cielos. Por todo esto la sorpresa no podía ser mayor al ver que mi nuevo Colegio poseía un Observatorio. Sin embargo la decepción no demoró mucho en llegar, con el transcurso de mi primer año lectivo fui conociendo de a poco todos los rincones a excepción del Observatorio, los alumnos no lo utilizaban, como sí lo hacían con el laboratorio de biología por ejemplo, y tampoco nadie lo mencionaba. Finalmente alguien me confirmó mi sospecha: el Observatorio permanecía cerrado hace muchos años…

 

Esa cúpula plateada que contrastaba contra el cielo celeste me generaba curiosidad e intriga, tenía unas ganas enormes de subir allí y de saber porqué habían puesto un observatorio. Sin embargo la paradoja no podía ser mayor: tenía la suerte de haber entrado en un colegio con un observatorio pero este no funcionaba.

 

Durante más de dos años no pude saber más nada sobre ese recóndito lugar del Colegio y no había atisbos de que fuera a poder ser visitado hasta que un día todo cambió y, sin siquiera poder imaginarme todo lo que vendría, pasé a formar parte de los últimos treinta años de la historia del Observatorio San José.

 

Mucho tiempo después supe que cuando comencé la secundaria el Observatorio ya hacía sesenta y nueve años que había sido construido y en realidad ya no estaba cerrado sino que recientemente había sido reabierto gracias a un grupo de alumnos de 5° año que estaban trabajando para ponerlo en condiciones de volver a funcionar. En el año 1984 ese mismo grupo, ya egresado, organizó el primer curso de astronomía para los alumnos y cuando la propuesta llegó al aula no lo podía creer, se me presentaba la oportunidad de aprender astronomía y observar por un telescopio en mi Colegio.

 

Tengo un recuerdo maravilloso de ese primer curso que transcurrió parte en el antiguo Laboratorio de Física (donde se daba la teoría) y parte en la cúpula del Observatorio (donde se hacía la práctica) y para trasladarnos de un lugar al otro había que cruzar un patio y subir ocho pisos por escalera.

En esos primeros años el ámbito del Observatorio fue una especie de paraíso terrenal para los que éramos alumnos y aficionados a la astronomía: aprendimos a usar un telescopio mucho más grande que el que podíamos llegar a tener en casa, aprendimos cómo tomar fotografías de la Luna, planetas, estrellas y nebulosas e incluso a revelarlas en nuestro propio cuarto oscuro. Aprendimos a observar distintos tipos de fenómenos (como manchas solares, estrellas variables, ocultaciones, eclipses y cometas) y a reportarlos a diversas instituciones profesionales de otros lugares del mundo y pudimos comprobar que nuestro trabajo era reconocido.

Pero no solo aprendimos a manejar el Observatorio sino que también aprendimos a mantenerlo y a arreglarlo ya sea pintando paredes, restaurando muebles, reponiendo una claraboya, cambiando la cadena de la escotilla de la cúpula, sacando un engranaje roto y poniendo uno nuevo o rehaciendo una instalación eléctrica.

Pero todavía había más, el aprendizaje no se iba a limitar solo a lo técnico; también aprendimos a trabajar en equipo, aprendimos a tener proyectos, aprendimos a asumir compromisos, aprendimos a manejar recursos y aprendimos a experimentar. En síntesis, vivimos una experiencia invalorable teniendo en cuenta la juventud de los que conformamos ese grupo de alumnos adolescentes y de exalumnos, apenas más grandes.

 

El viernes fue desde el comienzo el día de reunión y para todos los que formamos parte del Observatorio se ha convertido en una cita inamovible de nuestras agendas solo postergable por razones de salud, familiares, de estudio o laborales.

 

Con el transcurso de los años el grupo se fue consolidando y el objetivo principal siguió siendo el desarrollo de la actividad astronómica amateur sin embargo la historia de la enigmática Torre del Observatorio era prácticamente desconocida. A grandes rasgos sabíamos que el Observatorio había sido manejado por última vez por un sacerdote amante de la astronomía pero las actividades cesaron luego de su fallecimiento en la década del setenta. Esto no hacía otra cosa que aumentar aún más ese halo de misterio que recorría la antigua escalera de madera que llevaba a la cúpula del Observatorio, el punto más alto del Colegio. El tiempo aún no estaba maduro para indagar más en el pasado y toda nuestra joven energía estaba puesta en las actividades observacionales.

 

Pero, tarde o temprano, las personas sienten la necesidad de conocer sus orígenes o saber cuáles son sus raíces y el grupo del Observatorio no estuvo ajeno a este sentimiento. Cuando allá por 1981 comenzaron las tareas para poner nuevamente en funcionamiento el antiguo telescopio junto con los mecanismos de apertura y giro de la cúpula poco y nada se sabía sobre los tiempos de antaño. ¿Por qué construyeron un Observatorio en el Colegio San José? ¿De quién fue la idea? ¿Se usó el Observatorio para dar clases de astronomía? ¿Qué tipo de observaciones se hicieron con el telescopio? Estos son algunos de los interrogantes que de a poco empezaron a surgir en el seno de la pequeña comunidad del Observatorio.

Haciendo volar la imaginación, la situación se podía asemejar al argumento de una novela de misterio donde un grupo de exploradores encuentra una antigua torre abandonada que alberga un deteriorado instrumento en la cima con el cual es posible explorar el universo, sin embargo los constructores de la torre se han ido y se han llevado consigo todos sus secretos.

Con el tiempo algunas de esas respuestas se filtraron tímidamente como pequeños rayos de Sol que logran atravesar una espesa capa de nubes de décadas y olvido. No fueron muchas pero permitieron reconstruir una parte de la historia.

 

Las matemáticas llevan a Dios porque toda la creación es un cálculo de Dios

R.P. Ramón Gay (1906 – 1974)

 

R. P. Ramón Gay

 

En los primeros años de la década de 1990 el Colegio le permitió al Observatorio ocupar una de las habitaciones de la Torre que había sido la morada del padre Ramón Gay, aquél que manejara por última vez el Observatorio hasta su muerte en 1974. El testimonio de otros exalumnos que lo habían conocido nos reveló que solía utilizar el telescopio solo con un grupo selecto alumnos (probablemente aquellos que quienes compartiera su interés por la matemática y la astronomía) pero fuera de las actividades curriculares. En aquella habitación no se encontró ninguna clase de registro relacionado con actividad observacional que el padre Gay pudiera haber realizado, solo quedaban vestigios de sus obras plásticas que realizaba con estampillas y con máquina de escribir.

 

Años más tarde llegó a nuestras manos un libro titulado “La Historia Centenaria del Colegio San José” del padre Basilio Sarthou del año 1960, este libro relata la historia del Colegio desde su fundación en 1858 hasta 1958. Rápidamente comenzamos hurgar en las páginas buscando referencias al Observatorio y por primera vez en años empezamos a vislumbrar algunas respuestas aunque también aparecieron más preguntas.

Una de las primeras noticias fue que la Torre del Observatorio nació como un mirador de estilo medieval que se inauguró en 1871 y que en 1913 fue modificado adquiriendo el aspecto actual debido a la construcción del Salón de Actos. A raíz de estos cambios nació la idea de colocar un observatorio astronómico en la remodelada torre y la iniciativa fue del padre Pedro Pommes (1837 – 1919).

 

Padre Pedro Pommes

 

De acuerdo a la “La Historia Centenaria del Colegio San José” el telescopio permaneció en la habitación del padre Pommes (también en la Torre) hasta 1914 cuando se instaló en la cúpula. El padre Sarthou también nos cuenta en su libro otros datos como que el telescopio de montura ecuatorial fue donado por un hombre llamado Sinforoso Molina, padre del alumno Conrado o que el Observatorio fue utilizado en algún momento de la década de 1920 por la denominada sección universitaria de la sociedad de exalumnos pero, en ambos casos, el autor no ahonda más en detalles.

La fecha exacta de la inauguración del Observatorio es muy probable que nunca la sepamos, por un lado “La Historia Centenaria del Colegio San José” menciona que el mirador del Colegio fue reformado en 1913 (según el epígrafe de la foto de la página 89) pero por otro lado también afirma que la construcción del Salón de Actos requirió en 1914 la reducción del ancho del erguido mirador y el telescopio ocupó su lugar definitivo ese mismo año.¿Habría estado terminada la nueva torre en 1913 y luego hubo que modificarla?¿Hay un error en los años?...Vaya uno a saber. Lo único que podemos decir es que nosotros, a falta de otros datos, hemos decidido considerar al año 1913 como el del nacimiento de la nueva Torre.

Teniendo en cuenta que el libro del padre Sarthou fue editado en 1960 esperábamos encontrar más información sobre las actividades desarrolladas en el Observatorio desde 1913 sin embargo apenas pudimos averiguar cuándo se construyó y que el telescopio fue donado por el padre de un alumno del Colegio.

Posteriormente descubrimos otras pistas que nos permitieron correr por un momento ese velo de misterio y, como si espiáramos a través de una cerradura, pudimos capturar breves instantes de la historia del Observatorio. Se trataba de unos pocos testimonios tan interesantes como escasos y esparcidos como salpicaduras.

Por ejemplo, esa fotografía del año 1934 tomada desde la terraza del Observatorio del dirigible Graf Zeppelin cuando visitó Buenos Aires en la cual llama la atención ver varias siluetas humanas en las terrazas de los edificios vecinos, todas contemplando a ese gigante gris que surcaba los cielos.

 

O esos artículos de la revista FVD(*) escritos entre la década de 1920 y 1930 donde se trataban temas científicos entre otros y a veces solía aparecer alguna mención vinculada al Observatorio; como esa fotografía tomada desde la cúpula en dirección oeste hacia los edificios donde se lee en el epígrafe sobre el importante crecimiento de los rascacielos (¡qué habría que decir del paisaje actual!). O ese otro que trata sobre los meteoritos y el autor cuenta que en abril de 1929 vio un bólido verde en el cielo mientras paseaba por las terrazas del Colegio. Para acrecentar aún más la incógnita, ningún artículo lleva firma por lo que nunca pudimos saber quién los escribió aunque presumimos que fueron sacerdotes del Colegio. En un de los ejemplares de la revista FVD hay un artículo de febrero de 1930 que trata sobre la nebulosa de Orión y al pie de la hoja está escrito a mano P. Mourié. El padre Mourié fue uno de los sacerdotes que enseñó astronomía y todo parecería indicar que alguien quiso hacer notar quien fue el autor de ese artículo poniendo su nombre. Este hecho nos hizo pensar que tal vez haya sido el padre Mourié quien vio el meteoro en el cielo en 1929. Como dije antes, fuimos desenterrando algunas respuestas pero también nos encontramos con más preguntas.

El artículo que está más estrechamente vinculado a las actividades en el Observatorio es aquél otro en donde se explica el movimiento aparente del cielo mediante una serie de fotografías del Sol tomadas también desde el Observatorio por el hermano Valentín en 1928.

 

Cuando comencé la secundaria, el hermano Valentín ya era un hombre de edad avanzada, seguramente más de ochenta. Era una persona de pocas palabras y no solía tener contacto con los alumnos; su aspecto era el de un viejito de baja estatura y encorvado, con un cabello muy blanco, con unos gruesos anteojos y de un aspecto más bien hosco. De vez en cuando, al cruzarse con algún miembro del grupo del Observatorio por los pasillos del Colegio, el hermano Valentín solía lanzar algún comentario al pasar: “Se ve bien Júpiter ¿no?” siendo que efectivamente Júpiter se encontraba en oposición. En algún rincón del Colegio, el hermano Valentín seguía las efemérides y sabía lo que ocurría en el cielo. Un día, en otro “cruce” por los pasillos del Colegio, el hermano Valentín nos dijo “tengo algo que les puede interesar” y nos hizo llegar dos valiosísimos y antiguos instrumentos que atesoraba seguramente desde hace muchos años. Se trataba de un hermoso telescopio refractor y una lente fotográfica en perfecto estado… ¿Habrá sacado el hermano Valentín la foto de 1928 con esa lente que nos obsequió en la década de 1980? Cuántas preguntas quisiéramos haberle hecho al hermano Valentín. ¿Por qué sacó esas fotografías?¿Sacó otras más?¿Qué observaban?¿Le enseñaban astronomía a los alumnos?¿Trabajó con el padre Gay en el Observatorio?¿Cuántos objetos más tenía guardados desde principios de siglo? Con la partida del hermano Valentín se fue la última persona que nos podría haber hablado de primera mano sobre el pasado del Observatorio pero, como comentaba anteriormente, en aquél entonces todavía el interés por la historia no estaba maduro.

 

Pasan los años y nuestra curiosidad no disminuye y estas y otras preguntas más no dejan de dar vueltas por nuestras cabezas: ¿cómo habrá sido que al Dr. Sinforoso Molina se le ocurrió donar el telescopio?¿Cómo habrá sido la inauguración del Observatorio?¿Qué le habrá pasado por la mente al padre Pommes cuando vio terminado el Observatorio?¿Qué habrá sentido cuando se abrió por primera vez la escotilla de la cúpula?¿Cuál fue el primer objeto celeste que se observó con el telescopio?¿Se habrán sacado fotos con el dispositivo fotográfico de placas de vidrio del telescopio?...

Las preguntas sin respuesta siguen siendo mayoritarias sin embargo no perdemos la esperanza y la ilusión de algún día encontrar en perdidos rincones del Colegio alguna vieja fotografía del padre Pommes y del Dr. Sinforoso Molina junto al telescopio refractor Mailhat recién inaugurado o alguna imagen del hermano Valentín preparando su lente fotográfica para tomar imágenes del cielo o el padre Gay dando una clase de cosmografía en el interior de la cúpula con sus alumnos…

 

« Cuando era muchacho vivía yo en una antigua casa y la leyenda contaba que allí había un tesoro escondido. Sin duda, nadie supo descubrirlo y quizá nadie lo buscó. Pero encantaba toda la casa. Mi casa guardaba un secreto en el fondo de su corazón...

Sí –dije al Principito- ; ya se trate de la casa, de las estrellas o del desierto, lo que los embellece es invisible. »

El Principito

Antoine de Saint Exupery

 

Tal vez nunca sepamos qué hicieron realmente el padre Pommes, el padre Mourié, el Padre Gay o el hermano Valentín en el Observatorio o si quedó algún testimonio de ello escondido esperando a ser hallado, sin embargo esa incógnita es un ingrediente más de la magia y el misterio que envuelven a la Torre.

 

Lo que no es una incógnita ni un misterio son los últimos treinta años del Observatorio los cuales han estado dedicados a las actividades de puesta en valor, de observación y de divulgación de la astronomía y de la historia de la Torre. Entre las primeras se destacan la restauración del telescopio Mailhat, de la cúpula, de las habitaciones de la Torre y la creación de la Sala de Antiguos Instrumentos. Entre las actividades de observación figuran estrellas variables, ocultaciones, eclipses, observación solar, cometas, lluvias meteóricas y tránsitos. Y por último, en lo referente a la divulgación, tenemos los cursos de astronomía dictados en forma ininterrumpida durante estos treinta años, las jornadas abiertas, las visitas guiadas y la participación en La Noche de los Museos de 2006 a 2010.

 

El grupo humano del Observatorio ha ido cambiando y evolucionando en las últimas tres décadas. Inicialmente se nutrió exclusivamente con alumnos del Colegio los cuales, en su gran mayoría, se incorporaban al grupo, estaban unos años y luego se iban y, los menos, permanecen hasta hoy. Con el tiempo el interés de los adolescentes por la astronomía ha ido decayendo y desde hace más de veinte años las puertas están abiertas al público en general y esto ha permitido que el Observatorio se enriquezca con sangre nueva. Actualmente el grupo está conformado por exalumnos y por personas que no han pasado por las aulas del Colegio San José pero que se identificaron con atmósfera muy especial que se respira en la Torre y que es el sello de la identidad del Observatorio.

 

Si tuviera que definir en pocas palabras qué es el Observatorio San José cien años después de su creación, no bastaría con decir que se trata de un grupo de personas que se dedica a la divulgación de la astronomía, en forma totalmente amateur, en el ámbito de las instalaciones del Colegio San José. Con esta fría definición casi de enciclopedia no alcanza. Con enunciar que se hace, quienes lo hacen y donde se hace no es suficiente para poder transmitir lo que realmente es el Observatorio San José hoy en día; los recuerdos y las anécdotas acumulados en estas tres décadas son innumerables y sería muy difícil intentar volcarlos en este breve texto con el fin de transmitir mis emociones sin correr el riesgo de fracasar. Hace algunos años en el Observatorio acuñamos la expresión “el Espíritu de la Torre” en la cual englobamos sentimientos, emociones, actitudes, afinidades, conductas e intereses comunes de un grupo de personas que nos congregamos en torno al centenario Observatorio del Colegio San José.

 

A pesar de no ser una tarea sencilla trataré de poner en palabras la esencia del Observatorio San José. Para mí el Observatorio San José…

 

Es la amistad y la cofradía

Es una noche de observación y de fotografía

Es un cruce de caminos

Es enseñar astronomía y disfrutar haciéndolo

Es la tertulia de los viernes y el olor al café preparándose

Es compartir y transmitir los conocimientos

Es tomar una herramienta y ensuciarse las manos

Es volver siempre a nuestro querido Colegio

Es hacer las cosas por puro placer

Es tener un proyecto y la satisfacción por el trabajo realizado

Es charlar con los amigos sobre el último libro leído

Es el eco del pasado pero también es planear a futuro

Es el encanto del bronce y la madera

Es preservar lo que nos legaron

Es la música que pone el primero que llega para dar vida a la Torre

Es contemplar el atardecer y sentir una suave brisa en una tarde de verano en la terraza de la Torre

Es estar en la cúpula oscura en medio de la observación y sentir el suave sonido del seguimiento del telescopio

Es esa pequeña alegría de viernes por la tarde cuando se acerca la hora de llegar al Observatorio

Es esa pequeña nostalgia cuando cerramos y nos tenemos que ir, aunque más no sea hasta la próxima semana.

Es pasión y perseverancia

Es orgullo y sentido de pertenencia

 

Muchas veces la vida de una institución se asemeja a una gran carrera de postas donde hay un balón que pasa de mano en mano y los corredores tienen el desafío de que jamás toque el piso. La carrera en sí no tiene una línea de llegada, la meta es la carrera misma y aunque a veces el balón pase muy cerca del suelo los corredores no deben rendirse sino que deben recuperarse y continuar llevándolo lo más firme y lejos posible.

¿Habrá pensado el padre Pommes que el Observatorio duraría cien años? Probablemente sí, en aquéllos tiempos las obras se hacían sin fecha de vencimiento.

A veces me imagino que un día el padre Pommes vuelve y lo llevamos a recorrer la Torre y le mostramos como está todo un siglo después. Que al subir la señorial escalera de madera, que al reencontrarse con el refractor astrográfico aún funcionando o que al ver una aula con alumnos aprendiendo astronomía el padre Pommes se emociona como si no supiera nada de lo que sucedió desde que partió de este mundo. Seguramente me vería tentado de hacerle interminables preguntas pero sería mejor dejarlas a un lado y decirle simplemente gracias, tanto a él como a todos los que soñaron, construyeron y nos legaron una institución como el Colegio San José.

 

(*) La revista FVD fue una publicación mensual que se comenzó a editar en el año 1921 y se trataba del "Organo de los Establecimientos de Educación dirigidos por los Reverendos Padres del Sagrado Corazón de Jesús", en esta revista se mostraba la vida en los colegios de la congregación de los padres bayoneses de Argentina, Uruguay y Paraguay. Entre las diversas secciones que tenía la revista, había una dedicada a las ciencias, las letras y las artes y allí solían publicarse artículos relacionados con la astronomía entre otros, muy probablemente escritos por algún sacerdote amante de los fenómenos de los cielos.