"Con justa previsión del porvenir, el mirador fue levantado en el centro de la manzana, como puntal del futuro crucero del Colegio" (Historia Centenaria del Colegio San José de Basilio Sarthou, 1960)

 

La historia del Observatorio del Colegio San José no comienza en 1981, año en que se iniciaron las tareas de reapertura, sino que se remonta a la segunda mitad del siglo XIX. Antes de convertirse en observatorio astronómico, el mirador del Colegio sirvió como lugar de penitencia para los pupilos y también como puesto de observación militar en otras épocas del país. En 1982 el Observatorio San José retoma oficialmente sus actividades como institución amateur en forma ininterrumpida hasta nuestros días.

 

 

 

 

Historia Centenaria del Colegio San José del padre Basilio Sarthou

 

Padre Basilio Sarthou

 

 

 

 

Miguel Garicotis (1797 - 1863)

 

Estatua de Diego Barbé sobre la calle Azcuénaga

 

Partida de la misión de Diego Barbé

 

Casa perteneciente a D. Tomás Rebollo que le alquiló al R.P. Barbé (1858)

 

La antigua casa pasó a ser pulpería, almacén y fiambrería (1928)

 

La esquina en la actualidad, ex bar

Costa Verde, hoy La Folie

 

Placa recordatoria de la fundación

del colegio en una de las paredes

de la esquina de Bartolomé Mitre y Azcuénaga.

 

Año 1867, vista de la Plaza 11 de Septiembre (Plaza Once) con las carretas que llegaban con frutas, vinos, cueros, lana y madera. Al fondo se ve la cúpula de Balvanera y hacia la izquierda se ven las galerías del Colegio San José.

 

Año 1869, fotografía tomada mirando hacia la esquina de lo que hoy en día es Perón y Larrea. El aspecto es muy similar al de la fotografía anterior, todavía no estaban construidos la capilla, el salón de actos ni el minarete central. En Balvanera aún no estaban construidas los campanarios.

 

Año 1880, fotografía tomada desde una posición similar a la fotografía anterior. La capilla del colegio aún no estaba construida ni el salón de actos pero ya se había levantado el minarete central y nuevos pabellones.

 

 

año 1891, fotografía tomada desde lo que era uno de los patios del colegio, se observa el minarete pero ahora aparece la capilla terminada, todavía no está el salón de actos

 

Año 1918, fotografía tomada casi desde el mismo punto de vista que la anterior. El minarete ya cambió su aspecto y tiene la cúpula en su extremo. La torre es más pequeña debido a la construcción de salón de actos.

Dibujo del año 1918, la manzana prácticamente presentaba el mismo aspecto de hoy en día.

 

 

 

 

 

 

 

Año 1934, vista desde el observatorio durante la visita del dirigible Graf Zeppelin, al fondo hacia la izquierda se observa la cúpula del Congreso.

 

En la actualidad, el paisaje ha cambiado notablemente, el Congreso apenas se distingue entre los edificios actuales

 

 

Padre Pommés (1837 - 1919)

Fotografía del año 1895

 

Padre Lamane

Fotografía del año 1909

 

Padre Taillefer (1866 - 1945)

Fotografía del año 1909

 

 

Padre Mourié (1877 - 1958)

Fotografía del año 1906

 

 

 

Padre Ramón Gay (1906 - 1974)

Fotografía de la década de 1960 ó 1970

 

 

 

Antiguo Gabinete de Física (año 1985)

 

 

La bandera izada en el Observatorio, al lado se ve la antena de TV que se usaba cuando los sacerdotes vivían en el Colegio (año 1985)

 

 

 

 

 

 

 

 

Alumnos del curso haciendo prácticas en el antiguo Gabinete de Física (año 1985)

 

 

 

Alumnos del curso observando por el telescopio Mailhat (año 1985)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alumnos haciendo observación solar

 (año 1985)

 

 

 

Izquierda: planilla de observación solar del OSJ donde se dibujaban las manchas solares observadas. Derecha: imagen del Sol obtenida por el satélite SOHO la cual se puede bajar del sitio web

 

 

 

 

 

 

 

 

El cielo nocturno en Buenos Aires, nótese la claridad debido a las luces de la ciudad

 

 

 

 

 

 

Curso de astronomía en el OSJ

(año 2007)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El público visitando la Sala de Antiguos Instrumentos en eventos como las Jornadas Abiertas o La Noche de los Museos (año 2007)

Introducción

 

n esta sección nos adentraremos en la historia del Observatorio del Colegio San José desde que se erigió la Torre hasta la actualidad. La fuente de consulta obligatoria para casi todo lo que sucedió en el Colegio antes de la década de 1960 es el libro "La Historia Centenaria del Colegio San José" del padre Basilio Sarthou y nuestro caso no es la excepción ya que consideramos que es el mejor testimonio de una época que no nos tocó vivir y de la cual ya casi no quedan referentes. Muchos de los artículos editados sobre el Observatorio en anuarios, boletines y otras publicaciones del Colegio San José están basados en los datos de dicho libro. Para el período que va desde la fundación del Colegio hasta fines de la década de 1950 nos remitiremos a la "Historia Centenaria" y gran parte de lo que el visitante encuentre en esta sección está extractado de la obra de Basilio Sarthou. El último sacerdote que manejó el Observatorio fue el padre Ramón Gay que falleció en 1974 y a partir de allí y hasta el año 1981, la historia entra en un interregno donde el Observatorio estuvo cerrado y del cual no ha quedado ningún testimonio. Lo sucedido desde 1981 en adelante no está en ningún libro aún pero sí está en nuestra memoria y es nuestra intención que esos recuerdos no se pierdan por lo que nos propusimos conservar y testimoniar las experiencias vividas en el Observatorio de nuestro querido Colegio.

 

 

Los comienzos del Colegio San José (extraído de la Historia Centenaria)

 

uego de la caída de Rosas (1852), la Argentina, tanto tiempo cerrada al europeo, se dio a fomentar la inmigración, en especial de vasco-bearneses pirenáicos. Con ese objeto, el Gral Urquiza ofreció generosas ventajas a las familias que se radicaran en el país. La Constitución de 1853 declara que el “Gobierno Argentino no podrá restringir la entrada de extranjeros que traigan por objeto trabajar la tierra, fomentar las industrias y enseñar las letras”. Muy eficaz salió la propaganda: acudieron millares de inmigrantes para brindar sus brazos a la prosperidad del país y se esparcieron por los dilatados campos de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo llegó un día en que los vasco-bearneses, gente arraigada en su fe cristiana, se negaron a embarcarse ante el peligro de perder su alma, por la carencia de iglesias y de sacerdotes en los extensos llanos de América. Enterado el gobierno porteño por voz de sus agentes consulares, procuró un arreglo satisfactorio en acuerdo con los obispos de Buenos Aires y Bayona: la solución hallada en 1855 consistió en que unos misioneros vascos-bearneses acompañaran a los inmigrantes para su atención espiritual. De ahí que el obispo de Bayona propusiera al Padre Garicoits (1797 - 1863) el envío a Buenos Aires de sacerdotes de su Congregación. Aceptó con agrado el santo fundador y se ofreció él primero para tan simpática misión: pero como no accediera su prelado, los elegidos fueron el Padre Diego Barbé (1813 - 1869), en calidad de superior, los Padres Guimón, Larrouy, Harbustán y Sardoy, el estudiante Magendie y dos Hermanos auxiliares: Joannés y Fabián, los cuales se embarcaron en Bayona, el 31 de agosto de 1856 y llegaron a Buenos Aires el 4 de noviembre, tras una accidentada travesía. Entre las órdenes impartidas al Padre Barbé figuraba la fundación de un Colegio en beneficio de los niños vascos y de las familias del país. El Padre Barbé, anteriormente prestigioso director de la Escuela de N. S. de Betharram, fue el fundador del Colegio San José.

 

Era muy natural que los recién llegados misioneros consagraran alguna tardecita a recorrer la “Gran Aldea” que les había sorprendido, desde el barco, con su chata edificación salpicada, entre arboledas, por una docena de campanarios. En 1856, los 120.000 habitantes de Buenos Aires vivían esparcidos de norte a sur, entre los potreros del Retiro y del Riachuelo, con escasa edificación en los extremos y mayor densidad en el “Centro”, en torno a la Plaza de Mayo, llamada aún “de la Victoria”. En profundidad abarcaba unas diez cuadras, ya que los actuales barrios de Once, Palermo y Constitución, se hallaban en el descampado. El arroyo Maldonado marcaba el límite de la ciudad. Entre los sitios pintorescos descollaba el arrabal de Balvanera con su Plaza del Miserere, recién mudada en Once de Septiembre, tras un combate entre porteños y confederados, los potreros del Once, atestados de corrales, servían a la vez de matadero municipal, mercado de frutos y paradero terminal de centenares de carretas procedentes de todos los rincones del país. A la plaza la orillaba una amplia carretera pantanosa, ex camino real que se llamó después Federación y finalmente Rivadavia, obligada arteria de acceso para todo el comercio interior. No lejos de la plaza, la iglesia parroquial de Balvanera, solitaria en su manzana, dominaba el vecindario con sus torres. Allí se dirigieron los viajeros sin sospechar, por cierto, que, transcurridos unos meses, habían de fundar a su lado el Colegio San José. Regresaron los misioneros al anochecer, mientras los faroleros encendían las linternas esquineras. A las ocho en punto oyóse el toque de oración, nota de quietud. A media noche, la resignada voz del cuidador nocturno cantó su frase ritual: “Las doce han dado y sereno”…

 

A principios de 1858, el Padre Barbé encaró seriamente la fundación de un Colegio ya proyectado en Betharram por el Padre Garicoits. Por su gran devoción a Nuestra Sra. de Betharram, deseaba un local próximo a una iglesia de la Virgen y recorrió con ese objeto algunos barrios de la ciudad. Finalmente, en el barrio del Once y frente a la iglesia parroquial de Balvanera le agradó un modesto solar de planta baja, que medía 40 varas por 50, con un patio interior, perteneciente a Don Tomás Rebollo, que lo había utilizado como depósito de cueros y lanas y que se encontraba en Azcuénaga y La Piedad (hoy Bartolomé Mitre). El Padre Barbé lo alquiló en marzo por $600 mensuales de la época. La casa fue higienizada con apremio por haberse iniciado ya los cursos escolares. Además de la proximidad de Balvanera que serviría de capilla a la naciente institución, varias razones motivaron la elección de ese local, entre otras la posibilidad de adquirir terreno en la manzana anexa a la iglesia para la construcción del edificio propio, y la cercanía del Once, parada terminal de los lecheros vascos, procedentes de Flores, cuyos hijos concurrirían fácilmente a la escuela. El 18 de marzo, el modesto moblaje fue cargado en tres carros con la ayuda de algunos gauchos recién llegados del campo y del casero Rebollo quién entregó las llaves. El Padre Barbé y sus colaboradores ultimaron algunos aprestos y después de rezar, cada cual se acomodó para pasar la noche. Al día siguiente, fiesta de San José, después de saludar al párroco de Balvanera, ya enterado del objetivo, el Padre Barbé celebró la santa misa que bien puede llamarse de la fundación; luego, con serena confianza en el gran Patriarca elegido como protector, esperaron los primeros alumnos llamados a formar el modesto plantel del Colegio San José. Por la tarde del primer día acudieron sólo cuatro alumnos. Contados fueron los que ingresaron hasta fin de mes; en abril llegaron a 15; transcurridos dos meses, no alcanzaban a 20 entre internos, medio-pupilos y externos. El naciente Colegio se hallaba en peligro de expirar en la cuna.

El pago de los alquileres y los gastos corrientes habían agotado los recursos de la casa…los demás Padres consultados aconsejaron el cierre del Colegio…era profundo el desaliento que amargaba al P. Barbé cuando se produjo la siempre salvadora intervención de Dios. Hallábase entonces al frente de la parroquia de Balvanera el Presbítero Dr. Angel Brid, de ascendencia vasca, quien había acogido con agrado la fundación del Padre Barbé. Empeñado en dar impulso a su parroquia, estimaba que el nuevo colegio le deparaba un oportuno auxilio. Así lo entendía también el buen Padre Barbé quien ayudaba al señor cura en todo lo posible, y resolvió poner en su conocimiento la angustiosa situación: “Si no vienen alumnos, iremos a buscarlos”, le respondió el Padre Brid. El mismo día, el párroco se puso en marcha; acompañado por el comisario local, Di Olallo Pico, recorrió las casas del barrio para recomendar a las familias el colegio del Padre Barbé. El éxito de esa campaña sobrepasó las esperanzas, pues acudieron cerca de 70 niños, entre ellos unos 20 pupilos hacinados en la casa de Rebollo que se volvió insuficiente y exigió un cambio de local. A fines de septiembre, el Padre Brid interesado en que el colegio permaneciera en las inmediaciones del templo parroquial, llamó a su despacho al Padre Barbé y le propuso de repente la compra de un terreno de 42 m de frente por 62 de fondo, situado en la calle Cangallo, en la misma manzana de Balvanera. Su dueño, el Sr. Alderete, necesitado de dinero, lo ofrecía en $35.000 de aquel tiempo y prometía al párroco una ayuda para su templo si se lograba efectuar la venta por su mediación. El terreno fue adquirido a mediados de octubre y abonado a duras penas con los ahorros del colegio. Bernardo Idiart, de recia estirpe vasca, cuyos hijos cursaban en la escuela, se ofreció para edificar el nuevo colegio, adelantando la suma necesaria que se le pagaría en mejor oportunidad. Entre tanto las clases siguieron en la casa de Rebollo hasta el 19 de marzo de 1859. Los 120 alumnos del Colegio apreciaron jubilosamente las comodidades del nuevo colegio.

 

 

Se erige la Torre (extraído de la Historia Centenaria)

 

n aquellos días no se concebía edificación de importancia que no tuviera un mirador elevado y el padre Pedro Pommés, un entendido en arquitectura, llevó a cabo la iniciativa. El colegio vio erigido el suyo a fines de 1870 en el centro de la manzana con una base de 6 por 5 metros y una altura de 5 pisos, a cuya retaguardia fueron edificados dos cuerpos parejos de 10 por 8 metros, de 3 pisos, rematados en mansardas o buhardillas. Apenas terminada la obra fue visitado por militares y declarado observatorio ideal del barrio y, en caso de revuelta, sería ocupado por la milicia. La inauguración del mirador se hizo con la fiesta de premios del año 1871. Con su cresta almenada a modo de atalaya medieval, figura en los mapas militares de la época y se vio ocupado por las tropas en cada intento de revolución. En su cuarto piso, como un puesto de vigía rodeado por un balcón, eligió su morada el Padre Pommés, prefecto general de disciplina del colegio y brazo derecho del fundador Padre Barbé. Allí, durante varios años cumplieron tristes penitencias los alumnos candidatos a la expulsión. En el año 1880, cuando estalló la revolución, el General Bartolomé Mitre y su estado mayor ocuparon la torre desde donde los militares pudieron observar el desarrollo de los combates de Puente Alsina y los Corrales. Una anécdota de la historia cuenta que Bartolomé Mitre casualmente encontró a su sobrino Mariano de Vedia (alumno del San José en ese entonces, periodista y diputado nacional con posterioridad) cumpliendo una penitencia y lo reprendió con militar severidad.

 

Las crónicas del año 1888 mencionan un terremoto nocturno que aterró a los pupilos, pues agitó la campana y rasgó mármoles del lavatorio. A partir de 1912, la campana fue orientada hacia Larrea a fin de extender al patio mayor el imperio de sus tañidos; pero se comprobó que los embates de los vientos dispersaban su voz, lo cual dio paso a los timbres eléctricos...En cuanto a las broncíneas campanadas, se vieron reservadas para los tres rezos diarios del "Ángel del Señor".

 

La construcción del Salón de Actos durante la segunda década del siglo XX modificó el mirador, que debió ceder 2 metros a la caja del escenario teatral, por lo cual escalera final de la torre es muy empinada.

El mirador del colegio, erguido cual fortín entre el escaso vecindario, servía como observatorio del suburbio achatado, donde dominaban los campanarios de los templos de La Piedad, del Carmen, el de Regina, el del Salvador y la capilla Mater Misericordiae.  Desde el mirador el contorno ofrecía un marco de paz en cuyas manzanas arboladas se ocultaban las casonas con alero, huerta, jardín y palomar. En 1913, el padre Pommés y el padre Lamane concibieron la idea de instalar en el mirador un observatorio astronómico. El telescopio fue donado por el Dr. Sinforoso Molina, padre del alumno Conrado, y estuvo alojado en la habitación del padre Pommés hasta que fue instalado en la cúpula al año siguiente. Los encargados de dar clases prácticas de astronomía fueron los padres Taillefer, Mourié, Guithou, Grange y Ramón Gay. El observatorio funcionó en forma continua hasta la década de 1970, cuando muriera el padre Gay, última persona que lo manejara. Lamentablemente no ha llegado hasta nuestros días información detallada acerca de qué tipo de actividades se realizaron en el observatorio, ya sea de investigación, enseñanza o fotografía, desde su inauguración hasta la muerte del padre Gay. Apenas nos llegan algunos datos a través de la revista FVD, como por ejemplo una secuencia del movimiento aparente del Sol en el cielo tomada por el Hermano Valentín en diciembre de 1928 desde la Torre (ver artículo en Revista FVD Observación del movimiento aparente del cielo - año IX, enero 1929, Nº 95).

 

Los sacerdotes de la Torre

a historia del Colegio nos cuenta que hace mucho tiempo hubieron varios sacerdotes que se dedicaron a la enseñanza de la física, la matemática y la astronomía. Gracias a ellos hoy en día podemos contar con un envidiable patrimonio educativo que nos sirve para comprender como era la educación a fines del siglo XIX y principios del siglo XX y que también nos habla del ingenio humano, del mundo cuando no habían computadoras, cuando no había internet, cuando no existía el correo electrónico ni los mensajes de texto, cuando no habían celulares, cuando no se usaba el plástico ni el aluminio sino el bronce y la madera. No renegamos de la modernidad pero a la hora de acercarse a la ciencia es fundamental aprender los conceptos y los principios más allá de la tecnología; por eso creemos que el legado de los padres fundadores nos brinda una oportunidad excepcional. Por estas razones es que queremos conocer y recordar a aquellos sacerdotes que pasaron por el Colegio y que por cuestiones temporales no hemos podido disfrutar de una clase con ellos como sus alumnos (los textos han sido extraídos de la Historia Centenaria a excepción de los referentes al Padre Ramón Gay).

El padre Pedro Pommés (1837 - 1919)

El padre Pedro Pommés  ha sido imponente, no sólo por su presencia física, sino por la magnitud de la obra que le tocó realizar a la cabeza de los primeros religiosos, piedras fundamentales del Colegio. Llegado a Buenos Aires en 1859, este gigante rubicundo, parco en palabras y amplio en obras, con gran acopio de conocimientos prácticos, cayó enviado por la Providencia para el desarrollo del Colegio. Como prefecto de disciplina inamovible, organizó magistralmente la bella ordenación educativa de la casa; como arquitecto innato, edificó la parte antigua del Colegio, la capilla gótica y la casa de campo (Martín Coronado); como maestro enseñó ciencias físicas y naturales y construyó un ingenioso anemómetro para registrar la velocidad de los vientos. No fue literato, orador ni difundido en charlas. Sus comunicaciones eran claras y concisas, henchidas de autoridad; pero solía ser grato y sociable con los íntimos. "Como prefecto de disciplina, justiciero y educador, se mostró dueño de sí por fuerza de carácter, si bien la encendida cara y las orejas trémulas revelaban el freno interior", como lo fijo fielmente el Dr. Pedro N. Elicagaray, vicepresidente de los exalumnos. Lo que más llama la atención en la mentalidad del padre Pommés es su talento singular para acertar en todos los asuntos, reglamentos, programas, edificios, así en los detalles como en la magnitud de concepción.  A los 60 años, fue llamado a Francia para la construcción de la "casa nueva" de Betharram. Regresó pronto para dirigir el estudiantado de Almagro y luego el Colegio de Montevideo donde murió en la víspera de Asunción lleno de días y méritos. En 1913, con motivo de las bodas de oro sacerdotales de los fundadores del Colegio, el padre Pommés fue agasajado por sus exalumnos cuya gratitud grabó más tarde su efigie en una placa de bronce que adorna los muros del Salón de Actos.

El padre Pedro Taillefer (1866 - 1945)

Llegado a Buenos Aires antes de 1890, fue sabio profesor del San José, prefecto de disciplina, consejero del Colegio con razonada ponderación. Transcurrieron en Francia los 35 últimos años de su vida dedicados en gran parte a la dirección espiritual. Religioso austero, de muy alta estatura y trato reservado, fue profesor de ciencias naturales, física y química con respetada autoridad dentro y fuera del Colegio. A su competencia debieron los gabinetes sus costosas colecciones de aparatos. Además, fue inventor de varios instrumentos, descollando entre ellos un productor de gas acetileno de positivo empleo anteriormente al uso de la electricidad. Dio prestigio al Colegio con su personalidad científica.

El padre Gustavo Mourié (1877 - 1958)

La personalidad del padre Mourié ha sido una de las más prestigiosas del Colegio San José, a fuerza de religioso excepcional y catedrático de alta jerarquía. Gradudado en Francia, cursó en Buenos Aires sus estudios eclesiásticos; fue destinado a profesor del curso comercial, luego del ciclo secundario. Dueño de todas las asignaturas, así en ciencias como en letras, gozó de amplia autoridad entre los alumnos y examinadores de física, historia, astronomía y trigonometría. Pese a su trato bondadoso con los discípulos, consiguió siempre orden y respeto merced a su nunca desmentida ecuanimidad. Lástima grande fue que el padre Mourié no escribiera magistrales textos de enseñanza, conforme su experiencia y capacidad; consintió sin embargo en prestar su colaboración a una obra de aliento y de alcance universitario: la difundida "Historia de la Civilización" (escrita junto con el padre Basilio Sarthou). Pasados los ochenta años, vio su salud debilitada; no pudo asistir a las fiestas del centenario del Colegio y se internó en el Hospital Francés, donde falleció el 18 de junio de 1958.

El padre Ramón Gay (1906 - 1974)

Como comentáramos anteriormente, el padre Gay fue la última persona que manejó el Observatorio y después de él estuvo cerrado hasta que fuera reabierto en 1981. Los miembros del OSJ no pudimos tener el placer de conocerlo pero sí han llegado hasta nosotros los testimonios de exalumnos que lo tuvieron como docente y que nos hablan de una gran persona fiel al espíritu de los padres fundadores.

El padre Gay nació en Rosario el 7 de enero de 1906 y se ordenó sacerdote en Palestina en 1931. Desde el año 1932 dictó clases de matemática, física y zoología en el Colegio y al fallecer en 1974 se desempeñaba como vicerrector y director de estudios y fue él quien escribiera la letra del himno del Colegio.

Todos los relatos nos hablan de una persona dura, de carácter fuerte aunque con profunda humildad, al que no le temblaba el pulso si tenía que sancionar a un alumno que no se comportara como es debido; seguramente muchos de sus alumnos lo habrán visto con temor al principio pero al egresar del Colegio se dieron cuenta de que a pesar de esa áspera corteza dentro había una enorme persona y un enorme docente formador de hombres al que recordarían con mucho cariño.

La docencia fue una pasión en su vida al igual que la naturaleza como obra de Dios lo que indudablemente lo condujo a interesarse por la matemática, la física, la astronomía y la zoología. El padre Gay solía decir que "las matemáticas llevan a Dios, porque toda la creación es un cálculo de Dios".

Pero no solo se interesaba por la ciencia sino también le interesaba la pintura y la escultura y se valía de cualquier elemento para realizar una obra: cuero, hojas secas, estampillas, madera, bronce, etc

Al igual que el padre Pommés, el padre Gay también estuvo a cargo de la disciplina del Colegio y también eligió como morada la Torre, cerca de la cúpula que alberga al telescopio, a un paso de las estrellas. En el mismo lugar donde hoy en día se dictan los cursos de astronomía del Observatorio San José, algo que, sin pensarlo premeditadamente, está en un todo de acuerdo con dos pasiones del padre Gay: la docencia y el universo.

Luego de su muerte, laTtorre se sumergió en un período de oscuridad, silencio y olvido por varios años...

 

 

Nace el OSJ

 

ranscurría el año 1981 cuando el profesor de física Alberto Raiker y el profesor de matemática Eduardo Guelfo tuvieron la inquietud de conocer en qué estado se encontraba el Observatorio y decidieron subir a averiguarlo. A mediados de ese año, gracias al interés de los alumnos de 4º año del especializado físico-matemático Ricardo Castiñeiras, Diego Giraudi, Juan José Domínguez y Miguel Sagreras, el Observatorio del Colegio San José fue reabierto luego de permanecer cerrado y abandonado por muchos años; en su interior, en medio de un ambiente lúgubre y desolador, aguardaba el antiguo telescopio. El regulador de Watt del sistema de relojería estaba totalmente oxidado dentro de una bandeja de revelado de loza cubierto de agua producto de las goteras, no había oculares, la cupula era de un color rosa viejo con telas de araña, había agujeros en el piso y las lentes tenían hongos entre otras cosas... Dirigidos por el profesor Alberto Raiker, los alumnos interesados en la recuperación del Observatorio se avocaron a las difíciles y largas tareas de limpieza y restauración.

Se había pensado reabrir el Observatorio para la Feria de Ciencias de 1981 pero no se pudieron poner los mecanismos de la cúpula en condiciones (apertura de la escotilla, giro de la cúpula, los movimientos de declinación y ascensión recta del telescopio y su sistema de relojería para el seguimiento) y tampoco había instalación eléctrica así que se continuaron con las tareas para la rehabilitación y para la Feria solo se abrió el Gabinete de Física. Para el año 1982 la cúpula ya estaba operable y así fue como para la Feria de Ciencias de ese año el Observatorio volvió a la actividad luego de un largo ensueño y para ese año se sumaba a la comunidad de observatorios amateurs con sus primeros trabajos observacionales. Durante el año 1983 continuaron los arreglos en las instalaciones ya que aún quedaba bastante por hacer después de tantos años de abandono. Fue un gran trabajo volver a poner todo en movimiento pero aún faltarían algunos años hasta liberarse totalmente de tener que abrir la escotilla y girar la cúpula en forma manual lo cual insumía hasta media hora y dejaban a los jóvenes aficionados extenuados.

En el año 1984 se organizó el primer curso de astronomía para alumnos del colegio, el profesor Eduardo Guelfo recorrió las aulas de 3º, 4º y 5º año convocando a los alumnos que inicialmente demostraron un gran interés anotándose alrededor de 70. El curso fue dictado por Ricardo Castiñeiras, Diego Giraudi y Miguel Sagreras, ya exalumnos del Colegio y en ese momento estudiantes de la carrera de ingeniería. A partir de ese entonces empezó a tomar forma el grupo que retomó las actividades del Observatorio San José. Para las clases, el OSJ disponía del antiguo Gabinete de Física que hacía las veces de aula, cuarto de revelado y sala de reunión a la vez y cuando llegaba el turno de observar había que trasladarse hasta la cúpula cruzando el antiguo patio de "4º y 5º" y subir los casi 10 pisos de altura hasta el telescopio por lo cual era muy importante no olvidarse ningún elemento en planta baja. En una época en la que no existían los celulares (que no fue hace mucho tiempo) la forma de darse cuenta si alguien ya había subido a la cúpula era comprobar si estaba izada la bandera en el pararrayos de la Torre devenido en mástil.

La recuperación de la Torre

on el tiempo cada vez se hizo más necesario disponer de un lugar de trabajo más próximo a la cúpula y así la Torre fue siendo recuperada paulatinamente dándole un nuevo uso a las habitaciones abandonadas. Una de las principales actividades durante los primeros años del OSJ era la fotografía en blanco y negro y el cuarto oscuro se encontraba en el antiguo Gabinete de Física debajo de las gradas donde se sentaban los alumnos para las clases prácticas de física; allí estaban la ampliadora, las bandejas, las pinzas y los líquidos de revelado. Estas gradas tenían muchas rendijas por donde entraba luz razón por la cual al momento de revelar era estrictamente necesario cerrar todas las ventanas del Gabinete de Física (a esta dificultad habría que sumar otra no menos importante que eran los golpes que uno mismo podía recibir en la cabeza contra los escalones de las gradas en la oscuridad!). En esos primeros años le fue entregada al OSJ la habitación que está inmediatamente debajo de la cúpula en la que iba a ser instalado el nuevo cuarto de revelado. Como el tanque de agua está por debajo del nivel de este cuarto, se solicitó al Colegio el cambio por la habitación inferior. Si bien el Gabinete de Física no sería abandonado del todo, el OSJ ya disponía de un sitio para revelar fotos y para utilizar como sala de reunión muy próximo al lugar de observación. Para acondicionar el nuevo cuarto, el Colegio entregó unos muebles de madera en desuso los cuales fueron izados desde el Patio de Honor (ante la vista asombrada de alumnos y docentes) hasta la terraza y de allí fueron introducidos en la Torre y por la escalera se llevaron hasta su ubicación final. Toda una hazaña. Estos muebles, montados por el carpintero del Colegio, fueron dispuestos en forma de mesada y junto con ellos se instaló una pileta de acero conseguida por Jorge Folz, padre del alumno Germán Folz (uno de los miembros del OSJ desde 1984). Sobre dicha mesada, se colocaban la ampliadora y las bandejas con sus líquidos para ampliar las fotografías que eran tomadas con el telescopio. El grupo de OSJ se encargó de la pintura de las paredes, del lijado y plastificado de los pisos y zócalos y del lijado y barnizado de puertas y ventanas, la iluminación (incluida la lámpara del techo donada por una tía de Ricardo Castiñeiras) para dejar todo en condiciones. Esta habitación, que también hacía las veces de atelier,  había pertenecido al querido hermano Bernardo Paletou, quien por ese entonces ya no estaba en condiciones de subir y bajar escaleras. Allí fueron encontrados muchos objetos que tenían que ver con la afición del hermano Bernardo a la pintura y a otras expresiones de arte. Entre los objetos allí encontrados habían planchas de estampillas, atriles con obras inconclusas y una de las cosas más impresionantes eran dibujos hechos con máquina de escribir donde se combinaban apropiadamente distintos tipos de caracteres para crear imágenes en blanco y negro de Jesús crucificado y la Virgen María entre otros. Como mencionamos anteriormente, el padre Ramón Gay también habitó en la Torre y también tuvo inquietudes artísticas y sabemos que, entre otras cosas, utilizó estampillas para sus trabajos por lo que no podemos dejar de preguntarnos si algo de lo que había allí perteneció a él o si el hermano Bernardo simplemente siguió los pasos del padre Gay. Pocos años después fue ocupada la habitación que está inmediatamente debajo de la cúpula y fue transformada en el "Aula Magna" del Observatorio y es donde hoy en día se dictan los cursos del OSJ. El Colegio proporcionó los pupitres, se compró un pizarrón para marcadores, se aprovecharon los restos de una alfombra para el piso, la madre de Pablo Monetta (miembro del OSJ desde 1990) donó un televisor y se compró un videorreproductor, con todo esto se equipó el aula donde se dan los cursos y charlas en el OSJ. El avance continuó con una tercera habitación que en el año 2001 fue transformada en la Sala de Antiguos Instrumentos y en la cual se exponen instrumentos de astronomía, geodesia, meteorología, acústica y electromagnetismo trasladados del antiguo Gabinete de Física cuando éste dejó de funcionar. De manera similar que en los cuartos ocupados anteriormente, el grupo del OSJ se encargó de la pintura, electricidad, iluminación, lijado y plastificado de pisos, lijado y barnizado de puertas, ventanas y vitrinas donde se colocaron los instrumentos. Otra vez la familia Folz realizó una donación para la Torre, en este caso fue la bella araña con caireles que ilumina la sala. Como es una costumbre en el OSJ, los muebles donde se exponen los antiguos instrumentos fueron recuperados de áreas en desuso y subidos con mucho esfuerzo por las angostas escaleras que conducen al Observatorio.

La evolución del OSJ

i bien el espíritu del OSJ se mantiene intacto con el paso de los años, las actividades y las motivaciones han tenido una evolución que está ligada fundamentalmente a factores como el crecimiento y la maduración de sus miembros, el interés del público que se acerca a la astronomía, los cambios en la tecnología y las condiciones de observación en menor medida. En el inicio, el OSJ estaba compuesto por chicos de entre 15 y 20 años aproximadamente a los cuales les interesaba principalmente desarrollar actividades como aficionados a la astronomía los cuales tuvieron la invalorable fortuna de que el colegio donde estudiaron poseía un observatorio que estaba esperando a ser reabierto. Las actividades eran variadas: observación solar, estrellas variables, observación de cometas, observación de lluvias meteóricas, ocultaciones, observación de eclipses y astrofotografía. Este tipo de actividades se realizaron en forma continua prácticamente hasta la mitad de la década de 1990 y algunas se siguen llevando a cabo hoy en día.

El interés por la astronomía

Durante los primeros años, muchos alumnos del Colegio se acercaron a participar de los cursos y, posteriormente, a formar parte del grupo de trabajo del OSJ donde se desarrollaban las actividades de observación las cuales eran reportadas a distintas instituciones astronómicas de la Argentina y del exterior. El hecho de estar cursando la escuela secundaria y, en algunos casos, los primeros años de la universidad, implicaba que los miembros del Observatorio dispusieran del tiempo suficiente para dedicarle a actividades de observación y fotografía. Pero esta situación se fue revirtiendo con los años; en parte porque el interés de los alumnos del Colegio por las ciencias "duras" no es el mismo que en otras épocas. Si bien hoy en día existe, en los alumnos y el público en general, interés por incorporar nociones básicas acerca del universo, no hay una verdadera inquietud por formar parte de un grupo de aficionados a la astronomía. Por otro lado, con el paso de los años, las responsabilidades de los miembros del OSJ fueron pasando de ser meramente estudiantiles a ser responsabilidades de tipo laborales y familiares, lo cual significó que los tiempos dedicados al OSJ se fueran acortando.

Todo servido de la mano de la tecnología

Otra circunstancia que modificó la forma de trabajar en el OSJ fue el avance en la tecnología. Hasta mediados de la década de 1990, existían actividades a través de las cuales el astrónomo aficionado tenía la oportunidad de contribuir con sus observaciones al mundo de la astronomía profesional y sin la necesidad de contar con costosos instrumentos. Un ejemplo típico es la observación solar cuyo objetivo es medir la actividad solar por medio del conteo de manchas y así determinar los ciclos solares de 11 años. El trabajo consiste básicamente en proyectar la imagen del Sol utilizando un telescopio y dibujar en papel las manchas solares, contarlas, medir algunas variables meteorológicas y con estos datos calcular un parámetro denominado número de Wolf. Este trabajo se hacía al mediodía, sobre todo en los años en que varios de los miembros del OSJ eran alumnos del Colegio y se enviaban al Solar Index Data Center (SIDC) en Bélgica.
Desde 1995 el satélite SOHO (Solar and Heliospheric Observatory) está constantemente tomando imágenes del Sol y a través de internet y haciendo un “clic” es posible ver y contar las manchas solares sin necesidad de abrir el Observatorio, apuntar el telescopio y sin tener que dibujar nada...Todo desde el escritorio de la casa u oficina. No hay duda que desde la década de 1980 hemos vivido importantísimos avances y que el SOHO es un hito en la historia de la heliofísica pero tampoco hay dudas de que las actividades que pueden desarrollar los aficionados han cambiado para siempre. A pesar de que muchas de dichas actividades ya no tienen sentido hoy en día en el contexto de la investigación profesional, sí lo tienen en el aspecto pedagógico. El progreso tecnológico tiene muchísimas ventajas pero siempre hay una generación que no conoció las etapas anteriores y recibe los conocimientos totalmente "digeridos". Posiblemente este fenómeno se repita cada vez más seguido a lo largo de los siglos producto de un avance tecnológico que parece exponencial, sobre todo en lo referente a la informática y las comunicaciones. Continuando con el ejemplo de la observación solar, el SOHO nos permite conocer al instante qué sucede en el Sol en un momento dado pero esto no debería impedirnos tomarnos el tiempo de abrir la escotilla de la cúpula, orientar el telescopio y ver con nuestros propios ojos las manchas solares y seguir el proceso durante varios días, ver como las manchas surgen, evolucionan y desaparecen, apreciar como algunas manchas aparecen por un limbo y otras desaparecen por el otro y así darnos cuenta que el Sol gira sobre su eje.

Este es solo un ejemplo y podríamos citar varios más, como el del telescopio espacial Hubble que nos brinda unas imágenes espectaculares del universo que jamás podríamos ver a través de un telescopio como aficionados desde el patio de una casa o desde un balcón de un departamento. Sin embargo, no hay como contemplar los astros con los propios ojos y ser uno mismo el que descubre sus secretos: los satélites de Júpiter, los anillos de Saturno, los cráteres y montañas de la Luna, etc... El gran desafío es transmitir este interés y esta motivación a las nuevas generaciones para que no pierdan la fascinación ante tanta oferta de información que hay disponible hoy en día y que puedan disfrutar mucho más de lo real que de lo virtual.

Contaminación lumínica

El incremento de las luminarias en la ciudad también contribuyó a la merma en las actividades de observación en el OSJ. En la década de 1980 era posible levantar la vista en una noche cualquiera y distinguir estrellas de 4º y hasta 5º magnitud, también era posible reconocer muchas constelaciones y hasta discernir la Vía Láctea. Hoy eso es imposible y se hace muy difícil hacer astronomía a simple vista en un cielo que, si bien por estar el observador en medio de una ciudad nunca fue el mejor, cada año empeora más.

La divulgación de la astronomía

La divulgación ha sido una constante en el Observatorio a lo largo de los años aunque ha sido llevada a cabo de distintas maneras desde los inicios hasta el presente. Unos años después de la reapertura, en 1984 y después de haber asistido a diversos cursos en la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía, los exalumnos que estaban trabajando en el OSJ decidieron dictar un curso de astronomía para aficionados en el Colegio San José. Durante muchos años, estos cursos estuvieron dirigidos exclusivamente a alumnos del Colegio y se dictaba uno por año cuya duración coincidía prácticamente con el período lectivo; los contenidos eran bastante extensos, con mucha matemática y física pero igualmente los alumnos mostraban bastante interés.

Con el paso de los años esta situación fue cambiando como mencionáramos anteriormente, en principio fue necesario acortar la duración del curso ya que los alumnos empezaban a perder interés y no lo terminaban. A esto se sumó el hecho de que ya no eran tantos alumnos los que se anotaban el curso del OSJ y por esta razón, al comenzar la década de 1990, se obtuvo la autorización del Colegio para abrir el curso al público. A raíz de este cambio, los miembros del OSJ tuvieron que incursionar en una nueva tarea: la publicidad del curso. En épocas en las que ni internet ni el correo electrónico eran las herramientas que son hoy en día, se requerían métodos más tradicionales. Cuando los recursos lo permitían, se publicaba algún aviso clasificado pero esto no siempre fue posible por lo tanto muchas veces la solución fue hacer fotoduplicaciones de un pequeño afiche, preparar engrudo y salir a empapelar los sitios céntricos de Buenos Aires. Esta metodología era acompañada por la colocación de avisos en las universidades y otros colegios a través de conocidos. Los resultados fueron siempre aceptables y, en mayor o menor medida, el OSJ siempre pudo contar con nuevos alumnos para sus cursos.

Recogiendo las opiniones de las personas que se acercaban al curso del OSJ, se llegó a la conclusión que era necesario adaptarse a las necesidades que los alumnos del Colegio o el público en general pudieran tener en cuanto a sumar conocimientos astronómicos. Quizá la reapertura del Observatorio coincidió con algunas camadas que estaban dispuestas a aprender astronomía en forma más profunda y práctica pero la realidad es que había mucha gente se conformaba con un conocimiento meramente informativo y esa era su meta, además no todos podían comprometerse a una actividad como un curso de astronomía amateur por 6 meses. Es así que desde el año 2000 se decidió dictar tres cursos en el año: Astronomía Observacional, Sistema Solar y Astronomía Estelar. Se trata de cursos compactos, de cuatro clases cada uno, con una parte teórica en el aula y otra práctica con el telescopio que se adaptan mucho mejor a las inquietudes actuales de alumnos del Colegio y del público que se acerca a aprender astronomía como un hobby.

A partir del año 2001, el OSJ encaró otra forma de divulgación distinta. La idea se venía gestando desde hacía unos años y consistía en organizar una muestra abierta al público de forma de mostrar el Observatorio no solo como un lugar donde se puede compartir una charla de astronomía sino también como un sitio histórico y museo a la vez. Así fue como los días 20, 22 y 23 de junio de 2001 se realizaron las primeras Jornadas Abiertas las cuales estaban focalizadas en el planeta Marte dado que en esos días se produjo la oposición del planeta rojo. Para esta primera jornada se inauguró la Sala de Antiguos Instrumentos donde se habían recuperado varios de los aparatos que se utilizaban en el antiguo Gabinete de Física que fueron comprados por el Colegio entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Estas jornadas son de carácter gratuito y libre y tienen bastante convocatoria en padres y alumnos y público en general.

Dada las características históricas del Observatorio San José con su telescopio de 1913, su Torre y la Sala de Antiguos Instrumentos, a fines del año 2005 el OSJ se puso un nuevo objetivo: formar parte de La Noche de los Museos. La Noche de los Museos es un evento que organiza la Dirección General de Museos de la Ciudad de Buenos Aires una vez al año en donde museos públicos y privados de Buenos Aires abren sus puertas al público en forma totalmente gratuita. En el año 2006 el OSJ hizo las gestiones y se incorporó a la Red de Museos Porteños por lo que ese mismo año fue convocado para formar parte de uno de los recorridos de La Noche de los Museos. Esta participación significa tanto para el OSJ como para el Colegio una importantísima vidriera donde exponer el patrimonio educativo, cultural y arquitectónico heredado de los padres fundadores.

Agradecimientos

l trabajo no siempre fue fácil, el cielo nunca se alcanza con solo levantar la mano. Mucha gente pasó y mucha gente ayudó a que este sueño se concretara. Quizá fue esta perseverancia la que hizo que en agosto del 2002 el Senado de la Nación reconociera al Observatorio San José por su labor educativa y científica a nivel nacional e internacional.
Los tiempos cambiaron pero la llama permanece intacta: investigar, educar y acercar los cielos a los hombres, manteniéndose siempre fieles al espíritu de los Padre Fundadores. Y justamente por creer en que el actual Observatorio es el digno presente del pasado que lo antecedió, y una etapa más en una actividad que nos desafía a continuarla en el futuro, no sería justo cerrar esta reseña sin dar gracias.Gracias a los que nos precedieron y, aunque lejanos en el tiempo, nos llamaron con una voz sutil desde la distancia de un siglo y la cercanía de la Torre que levantaron: Pommes, Lamané, Taillefer, Mourie, Gay y también los ignorados que aun desconocidos treparon las largas escaleras antes que nosotros.Gracias a los profesores, con quienes descubrimos esa extraña y a la vez irresistible pasión por la ciencia, que es bálsamo del diario trajín y sufrimiento en las noches que se nubla un minuto antes de observar el tan deseado eclipse: Alberto Raiker, Javier Fernández Cardenas, Hugo Monasterios, Jorge Scarsi y tantos otros que nos guiaron durante pacientes años en este querido Colegio San José. Gracias a los sacerdotes y autoridades del Colegio, aquellos quienes nos entregaron su confianza y nos abrieron el Colegio para llevar adelante este proyecto. Gracias a quienes con paciencia infinita han sufrido cenas frías, esperas más que prolongadas y noches sin los suyos, nuestros padres, esposas, novias, hijos y familias. Gracias por su apoyo silencioso. Finalmente y también desde el principio, Deo Gratia. Gracias a Él, que creó desde el primer átomo al último quasar y que lo dispuso todo para que lo conociéramos y observáramos, descubriendo en la creación al Creador primero.
Gracias, muchas gracias.


 

Otras fuentes consultadas sobre la historia del Observatorio

  • Artículo de Mabel S. de Coni Molina para la publicación PRIMERA PÁGINA Nº 90

  • Artículo escrito por Horacio Cassia para el anuario del Colegio San José del año 1966.

  • Boletin del Exalumno - suplemento de FVD - Año I, Nº 1 (1974)

 

Centenario de la Torre 1913 - 2013

Fotografías históricas de la vida en el Colegio San José

Fotografías históricas del edificio del Colegio San José